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viernes, 3 de agosto de 2012

DIEGO E. SUÁREZ, M. M.


"Marilyn candid moment" (New York, March 1965). 
Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images.


M. M. 

"La diferencia entre pasado, presente y futuro 
no es más que una ilusión, aunque sea tenaz." 

Albert Einstein, Correspondencia con Michele Besso, 1903-1955.

"En sus mil alvéolos, el espacio conserva el tiempo 
comprimido. El espacio sirve para eso."
Gastón Bachelard, Poética del espacio.

"Leo poesía para ahorrar tiempo".
Marilyn Monroe.


1955

Fui a su encuentro con los brazos abiertos -“¡Norma Jean! ¡Qué gusto verte!”-, y al abrazarla sentí las puntas del corpiño cónico en la boca del estómago. “Oh, querido, no me llames así; ya nadie me conoce por ese nombre”. “Lo sé, pero para mí siempre serás Norma Jean”. Con el ademán de un mago que acaba de unir exitosamente las dos mitades de su asistente, le mostré la mesa elegida para tomar un trago. “Se ve que te va bien en los negocios, James; este lugar es uno de los más caros de Hollywood”. “A ti tampoco te va nada mal que digamos. Cuando venía te vi en la tapa de varias revistas; estás por todas partes”. “No puedo quejarme; sólo necesito otro tapado de pieles”. Su risita hiposa era una cascada de cristal en este árido desierto de posguerra; alrededor, no había ojo capaz de resistir la tentación de sorber un trago de aquella rubia cuyo aire de niña traviesa no compaginaba -y si lo hacía, era de una forma inquietante- con la sensualidad de su rostro. “Discúlpame que no pueda quedarme más tiempo, pero tengo que ir a tomar clases de teatro; ya me cansé de que me consideren sólo una cara bonita y un cuerpo pulposo... quiero crecer... quiero ser una verdadera estrella de cine”.

1962

“¡Norma Jean!” “Oh, James, tú siempre con eso; aunque daría lo que sea para que todo vuelva a ser un poco como antes; a menudo extraño a Norma Jean”. Al abrazarla ya no sentí puntas de corpiño, sino un leve escalofrío. Noté en su aliento la acidez del alcohol y no me animé a mirarla a los ojos. “La vida es una mierda, amigo mío”, dijo mientras nos sentábamos en la misma mesa de hace siete años. “¿Te encuentras bien, querida?”. “Ése es el problema, James: No me encuentro”. Había adelgazado mucho, su mirada se había crispado y congelado la cascada de su risa. Íbamos por la segunda botella de champagne. “Es como si desde hace diez, quince años atrás, viniera bajando por un tobogán y ahora ya no pudiera detenerme; ya no soy tan ingenua y las cosas se están poniendo pesadas, en todo sentido: al estudio sólo le interesa exprimirme hasta sacarme la última gota; tanta presión y nada de respeto…”. La flor ante mis ojos, ajada por el insomnio y el tiempo, mostraba sus espinas. Estaba mal consigo misma, parecía acorralada, y yo era incapaz de encontrar palabras que la saquen a flote. “¿Quieres que salgamos a tomar un poco de aire?” “Oh, querido mío, no sabes cuánto quisiera que me lleves lejos, bien lejos de aquí - ya son cada vez más las noches en las que deseo no despertar”. 

D. E. S. 

Ernesto Cardenal, "Oración por Marilyn Monroe" (1965)
Segmento de un film nunca exhibido 
del cineasta chileno-canadiense Jorge Fajardo.




Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
                           (según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad  (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
—El de nuestras propias vidas— Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esta Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
                                  se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje —insistiendo en maquillarse en cada escena—
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
                                    y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
                           porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
             vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el telefono.
Y  los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gángsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)
                          contesta Tú el teléfono!

Ernesto Cardenal, Nueva antología poética. México, Siglo XXI, 1978.

jueves, 19 de enero de 2012

DIEGO E. SUÁREZ, Pequeña postal de enero



PEQUEÑA POSTAL DE ENERO

Francisco en franciscanas:
redundancia nada insulsa
de la alegría de tener poco
menos de dos años y a los pies
una Nº 5 como un sol
rodando por el pedregullo
de una casa de alquiler
en Guarda do Embaú.




DEFECTO DESTINO

Francisco acaba de descubrir
las líneas de mi mano
e intenta borrarlas
con la yema de su índice.

Será asunto de la quiromancia
qué rubia, qué viaje, qué enfermedad,
qué muerte habrá visto
y quitado de mi destino.


martes, 22 de febrero de 2011

Canon circular



De vez en cuando, hojeo con placer alguno de los tomos de Historia de la Música Clásica de José Molina. Hoy, leyendo sobre música renacentista, encontré esta imagen de un Canon Circular en honor a Enrique VIII, y me llamó la atención cómo aparecían relacionados dos símbolos contrastantes: el círculo y la rosa.

La rosa, desde Petrarca –y aún antes, desde Ausonio y su dístico "Collige virgo rosas..."–, es un símbolo de la fugacidad de la vida y más puntualmente de la belleza, sintetizada en el tópico del carpe diem: aprovecha –disfruta– el día.

Fue Garcilaso de la Vega uno de los primeros poetas que mejor tradujo a nuestra lengua ese sentimiento –porque el carpe diem, más que un tópico literario es un modo de vida– en su soneto XXIII:
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
El juego connotativo que emplea Garcilaso le permite eludir la afirmación explícita, enmascarando sutilmente una realidad poco feliz: la belleza de la doncella –y, por extensión, ella misma– se convertirá en algo no bello, o, más triste aún, ex bello. Es ésta la formulación de una ley natural que concierne a todos los seres: todo, lo humano y lo no humano, las damas y los poetas, al igual que los edificios y las piedras, han de sufrir la misma transformación por obra del tiempo. Vamos por la vida siendo declinados por la gramática de la decadencia.

También viene a cuento el soneto de Luis de Góngora titulado A una rosa:
Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?
Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.
Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.
Ya desacralizada por la mirada barroca, la rosa no sólo es metonimia de belleza, sino también de virginidad, y el fin de lo bello llega ya no sólo con la vejez, sino con la robusta mano del labriego que socavará el monte de Venus.

Delicioso es también un soneto de la décima musa, Sor Juana Inés de la Cruz, quien en son de risa, pero no por eso de liviandad, saluda desde México a Góngora, diciendo en su soneto Jocoso, a una rosa:
Señora Doña Rosa, hermoso amago
de cuantas flores miran Sol y Luna:
¿cómo, si es dama ya, se está en la cuna,
y si es divina, teme humano estrago?
¿Cómo, expuesta del cierzo al rigor vago,
teme humilde el desdén de la fortuna,
mendigando alimentos, importuna,
del turbio humor de un cenagoso lago?
Bien sé que ha de decirme que el respeto
le pierdo con mi mal limada prosa.
Pues a fe que me he visto en harto aprieto;
y advierta vuesarced señora Rosa,
que le escribo, no más este soneto
porque todo poeta aquí se roza.
“Todo poeta aquí se roza”: guiño conceptista, sonrisa irónica de la monja docta que observa críticamente una época en que el manoseado símbolo de la rosa se deshoja hasta el sinsentido.

En la partitura del Canon, la rosa se ve rodeada por un pentagrama circular. La melodía escrita en él empieza y termina, empieza y termina, ad infinitud, en un eterno retorno. Esa rosa, lucida para vivir tan poco, está envuelta por lo infinito; y al mismo tiempo, una melodía infinita halla su eje en esa belleza efímera. El infinito entraña lo finito, y lo finito hermosea lo infinito.

Por último, un detalle no menor: el pimpollo. En esa tensión entre la rosa y el círculo aparece involucrado un fragmento de universo que por obra y gracia de la imagen permanecerá, para siempre, en potencia. De esta forma, el infinito y lo finito entrañan, además, el por-venir, que es el hoy.

Extrañísima conjugación de opuestos, impropia, tal vez, de una mentalidad occidental y, más aún, renacentista. Pero el Canon está ahí, por más que el jardinero después venga y me diga que no sea bruto, que eso no es una rosa, sino un gladiolo o algo por el estilo.


Posadas, 28 de junio de 2004

sábado, 12 de junio de 2010

DIEGO E. SUÁREZ, Helena


Helena, según MARINA SOLÍS (Posadas, 1984)



HELENA*

«cada vez que barajo recuerdos me encuentro con esa mujer /
en las orejas le crecían flores para no oír los ruidos del dolor»

JUAN GELMAN, Verdades



cada vez que barajo recuerdos me encuentro con esa mujer/
en las orejas le crecían flores para no oír los ruidos del dolor/
y lloraba tristezas acumuladas que se evaporaban al rozar sus mejillas/
y ascendían a nublarle la mirada/ y el pensamiento/

pero cuando se olvidaba del dolor/ recuerdo/ que para despejarse/
se arrancaba graciosamente las flores de sus orejas/
armaba con ellas una coronita y subía corriendo las escaleras/
hasta llegar a la terraza de su amor/ a ponerle la coronita a la primera estrella/ o sea
que cada vez que ella subía corriendo las escaleras y aparecía en la terraza de su amor/
el cielo resplandecía por el mare magnum de galaxias que se entrechocaban/
estirando el cogote para quedarse con la coronita de helena/ porque claro/
acabo de dar vuelta la baraja de su nombre/ y ahora recuerdo/

helena/ desconocía las consecuencias bélicas de su belleza/ helena en ocasiones
sonreía con una sonrisa demasiado antigua para su rostro eterno/
como si rememorase con orgullo algo que le pasó alguna vez/
a lo largo de su nombre/

todos nos moríamos por helena/ cerca de helena/
debajo arriba y a los costados de helena/
y ella nos miraba como si no comprendiera el por qué de tanto alboroto/
y una mujer vestida de pájaro se le posaba en su ala de pájara/ y gorjeaba/
gorjeaba la pájara y gorjeaba la mujer/
y era una gloria la manera en que la pájara se parecía a la mujer/
y la mujer vestida de pájaro se parecía a helena/
que para no distraernos mientras nos esforzábamos por morir sin pensar en ella/
encerraba a la pájara y a la mujer en una jaula que tenía/ si mal no recuerdo/
a la entrada/ de su pupila izquierda/

_______________

* Este poema recibió la "Segunda Mención" en el Certamen Nacional de Poesía "Hugo Mandón", Edición 2009, realizado por la Asociación Argentina de Escritores Filial Santa Fe.

viernes, 9 de abril de 2010

DIEGO E. SUÁREZ, Sufrimiento de otro en su cuerpo




Extracción de la piedra de la locura [1475-1480],
HIERONYMUS VAN AEKEN, EL BOSCO
(Bolduque, Países Bajos, c. 1450-1516).
Óleo sobre tabla (48 cm × 35 cm). Estilo Gótico.
Museo del Prado, Madrid, España.
Imagen tomada de aquí.



I.


Dos pilotos capitanean mi mente.

El invasor hace lo imposible
por hundir la nave. El otro teme
amordazado en un rincón
que se salga con la suya.

El timón en manos enemigas

(en todo iguales a las mías).
Dentro y fuera: Tempestad.

Padre Nuestro Clonazepam,
Ave María Paroxetina.

Risperidona, ruega por nosotros.





II.


Ramona es un pueblo de campo
con árboles y pájaros adentro
cercado de llanura
cubierto de cielo.

En un dormitorio de este pueblo
hay una casa de pelo largo
vendaval y azote de puertas
tratando de hacer reposo
mitad en la realidad
mitad en la niebla.

Hará falta limpieza
paciencia voluntad
y mucha medicación
para ordenar y restaurar
esta casa tomada.




III.


Escupir la medicina, manchar las sábanas,
escupir el agua, mojar el piso,
escupir la comida, ensuciar la pared,
con mirada camorrera inyectada en sangre
son formas veladas de pedir auxilio.

(Por mucho menos otras

han ido a parar a la hoguera.)




IV.


En la penumbra
un rostro dormido
súbitamente estalla
en un alarido de ojos
desorbitados.

Desconozco vigilia
más espeluznante.




V.


TERROR: Esta vez el verbo
se hizo carne. No me sorprende
que al tocar el tema la poesía
sienta un escalofrío.




VI.


Cada vez duele más el pinchazo
de lo no logrado habiendo podido,
lo tronchado por manos ineptas.

Duele más que cualquier espera.

Sea en el lugar que sea
un vacío asfixiante
acecha nuestros pasos.

–¿Podemos volver para atrás?

Debe haber una senda
por donde regresar hacia delante.
La cuestión es hallarla
con tanta tiniebla dentro.

(Al menos tenemos nuestro amor
como lámpara de emergencia.)




VII.


He ahí la araña
tejiendo su tela
entre dos arbustos.

Trabaja de noche,
a oscuras
en el vacío.

Disfruto la escena sintiéndome cerca
de ese hilar fino en la negrura,
de ese estar pendiente, erizado
por el presentimiento de la próxima
presa del miedo.





VIII.


–¿Cuánto falta para que esto termine?

Una pregunta alcanza
para nublar cielo y tierra.

Con la lengua adormecida
no por los psicotrópicos sino
por la religión la ciencia el arte y otros opios
miro tus ojos de un día después sin querer
recordar alguna respuesta.




IX.


Para quien está al lado
los días pasan pesadamente
arrastrando los pies.

A no ser por los ciclos de la luna
y los resignados amaneceres
cualquiera pensaría: esto
es un mal sueño que nunca termina
de empezar. Después de todo
quien está al lado sabe
que está ahí para algo: asiste
a otro cuerpo en su sufrimiento
–sufrimiento de otro en su cuerpo–
y asiéndolo va siendo carcomido
a medida que en su roce contra el suelo
cada hora levanta una polvareda
de lágrimas y angustia.




X.


Doctor:

¿Qué tratamiento
merece el responsable?

¿Cuál es el título más adecuado
para quien trafica –bisturí en mano–
con los latidos de una madre y un hijo?

–Son cosas que pasan.

Ciertamente estas cosas pasan
y uno se va quedando
sin fuerzas Doctor y sufre
hasta perder la razón.

Mientras usted vive su vida cotidiana
cobra la consulta luciendo bronceado
de domingo asado piscina y familia aquí
nos asfixiamos en el fondo de un pozo
con espacio apenas para lo que no
recobraremos jamás.




XI.


Por las noches despierto empapada
en sudor, las manos crispadas,
las mandíbulas tensas. Mientras
en la habitación contigua mi hijo
se me va de las manos.




XII.


La realidad es un sueño y esto no es
algo dichoso cuando otra dentro de una
suelta amarras dejándonos a la deriva.

Recién entonces una descubre el valor
de un faro, una brújula, un astrolabio,
un simple viento en popa que nos aleje
del dolor a toda costa hacia buen puerto,
de retorno a nuestra Itaca de dos dormitorios,
o a una fantasía de Schubert a cuatro manos
tendida muellemente en el sofá.




XIII.


Para entretenerme está lo demás:

Cortarle las yemas a la hiedra
entrelazada al esforzado naranjo,
cavar la fosa para una gallina vieja,
ver crecer las plantas de zapallo
y morirse las flores del aloe,
o detrás del humo del cigarrillo
a la gata comerse una langosta
y tras ella una tropa de hormigas
llevando en andas lo sobrante.

Acopio restos de vida cotidiana
y voy clasificando los residuos.




XIV.


Aunque sea imposible saber
si la piedra de la locura ha sido extraída
por completo, poco a poco
la realidad va volviendo en sí.

No estaría mal entrar
a un cuarto intermedio,
dejar las palabras de lado,
que fluyan las cosas por el lecho,
hacer oídos sordos a la almohada

(y por qué no, absolver a la suerte
por el beneficio de la duda).



Ramona, Santa Fe, marzo/abril 2010.




VERÓNICA C. ELIZALDE CARRILLO
(San Salvador de Jujuy, 1977)
Sin título [2010].
Acuarela sobre papel (32 cm x 23 cm.).
Colección privada.


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