[Foto: João Milet Meirelles]

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martes, 22 de febrero de 2011

Canon circular



De vez en cuando, hojeo con placer alguno de los tomos de Historia de la Música Clásica de José Molina. Hoy, leyendo sobre música renacentista, encontré esta imagen de un Canon Circular en honor a Enrique VIII, y me llamó la atención cómo aparecían relacionados dos símbolos contrastantes: el círculo y la rosa.

La rosa, desde Petrarca –y aún antes, desde Ausonio y su dístico "Collige virgo rosas..."–, es un símbolo de la fugacidad de la vida y más puntualmente de la belleza, sintetizada en el tópico del carpe diem: aprovecha –disfruta– el día.

Fue Garcilaso de la Vega uno de los primeros poetas que mejor tradujo a nuestra lengua ese sentimiento –porque el carpe diem, más que un tópico literario es un modo de vida– en su soneto XXIII:
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
El juego connotativo que emplea Garcilaso le permite eludir la afirmación explícita, enmascarando sutilmente una realidad poco feliz: la belleza de la doncella –y, por extensión, ella misma– se convertirá en algo no bello, o, más triste aún, ex bello. Es ésta la formulación de una ley natural que concierne a todos los seres: todo, lo humano y lo no humano, las damas y los poetas, al igual que los edificios y las piedras, han de sufrir la misma transformación por obra del tiempo. Vamos por la vida siendo declinados por la gramática de la decadencia.

También viene a cuento el soneto de Luis de Góngora titulado A una rosa:
Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?
Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.
Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.
Ya desacralizada por la mirada barroca, la rosa no sólo es metonimia de belleza, sino también de virginidad, y el fin de lo bello llega ya no sólo con la vejez, sino con la robusta mano del labriego que socavará el monte de Venus.

Delicioso es también un soneto de la décima musa, Sor Juana Inés de la Cruz, quien en son de risa, pero no por eso de liviandad, saluda desde México a Góngora, diciendo en su soneto Jocoso, a una rosa:
Señora Doña Rosa, hermoso amago
de cuantas flores miran Sol y Luna:
¿cómo, si es dama ya, se está en la cuna,
y si es divina, teme humano estrago?
¿Cómo, expuesta del cierzo al rigor vago,
teme humilde el desdén de la fortuna,
mendigando alimentos, importuna,
del turbio humor de un cenagoso lago?
Bien sé que ha de decirme que el respeto
le pierdo con mi mal limada prosa.
Pues a fe que me he visto en harto aprieto;
y advierta vuesarced señora Rosa,
que le escribo, no más este soneto
porque todo poeta aquí se roza.
“Todo poeta aquí se roza”: guiño conceptista, sonrisa irónica de la monja docta que observa críticamente una época en que el manoseado símbolo de la rosa se deshoja hasta el sinsentido.

En la partitura del Canon, la rosa se ve rodeada por un pentagrama circular. La melodía escrita en él empieza y termina, empieza y termina, ad infinitud, en un eterno retorno. Esa rosa, lucida para vivir tan poco, está envuelta por lo infinito; y al mismo tiempo, una melodía infinita halla su eje en esa belleza efímera. El infinito entraña lo finito, y lo finito hermosea lo infinito.

Por último, un detalle no menor: el pimpollo. En esa tensión entre la rosa y el círculo aparece involucrado un fragmento de universo que por obra y gracia de la imagen permanecerá, para siempre, en potencia. De esta forma, el infinito y lo finito entrañan, además, el por-venir, que es el hoy.

Extrañísima conjugación de opuestos, impropia, tal vez, de una mentalidad occidental y, más aún, renacentista. Pero el Canon está ahí, por más que el jardinero después venga y me diga que no sea bruto, que eso no es una rosa, sino un gladiolo o algo por el estilo.


Posadas, 28 de junio de 2004

lunes, 20 de diciembre de 2010

JOHN LENNON, Happy Xmas (War Is Over)

Grandes Guerras, guerras pequeñas, cotidianas. Guerras de pareja, guerra de los sexos; con el vecino, con el colega, con uno mismo; con el presente, con el recuerdo. Guerras de clases, de intereses; egoístas, inútiles, absurdas; autodestructivas; de todo vale y sálvese quien pueda. Las guerras se terminan (si vos querés). Shalom javerim / Paz, amigos / Om shanti shanti... Hare rama. El amor verdadero todo lo puede. Feliz 2011 para cada uno.


(Feliz Navidad, Kyoko;
Feliz Navidad, Julian)

Así que es Navidad...
¿Y qué es lo que han hecho?
Otro año termina
y uno nuevo va a empezar.

Y así que es Navidad...
espero que se diviertan
el cercano y el querido,
el viejo y el joven.

Una muy alegre Navidad
y un feliz Año Nuevo.
Esperamos que sea uno bueno
sin nada que temer.

Así que es Navidad...
para el débil y para el fuerte,
para los ricos y los pobres,
el mundo está tan mal.

Así que feliz Navidad
para negros y blancos,
para amarillos y rojos,
dejemos de pelear.

Una muy alegre Navidad
y un feliz Año Nuevo.
Esperamos que sea uno bueno
sin nada que temer.

Así que es Navidad...
¿Y qué es lo que hemos hecho?
Otro año termina
y uno nuevo va a empezar.

Así que feliz Navidad
esperamos que se diviertan
el cercano y el querido,
el viejo y el joven.

Una muy alegre Navidad
y un feliz Año Nuevo.
Esperamos que sea uno bueno
sin nada que temer.

La guerra se termina (si vos querés).

Hare Rama.


Traducción: Diego E. Suárez.

Happy Xmas (War Is Over) // (Happy Xmas Kyoko / Happy Xmas Julian) / So this is Xmas / And what have you done / Another year over / And a new one just begun // And so this is Xmas / I hope you have fun / The near and the dear one / The old and the young // A very Merry Christmas / And a happy New Year / Let's hope it's a good one / Without any fear // And so this is Xmas / For weak and for strong / For rich and the poor ones / The world is so wrong // And so happy Xmas / For black and for white / For yellow and red ones / Let's stop all the fight // A very Merry Xmas / And a happy New Year / Let's hope it's a good one / Without any fear // And so this is Xmas / And what have we done / Another year over / And a new one just begun // And so happy Xmas / We hope you have fun / The near and the dear one / The old and the young // A very Merry Xmas / And a happy New Year / Let's hope it's a good one / Without any fear // War is over (If you want it) / Hare Rama.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

NORAH JONES, Are you lonesome tonight?

Preguntas que se encadenan, palabras simples, melodía exquisita, la voz de Norah Jones y unos arreglos que embellecen la versión de Elvis Presley. La canción, publicada originalmente en 1926, fue compuesta por los neoyorquinos Lou Handman (música) y Roy Turk (letra). Esta aparición televisiva de Norah Jones data del año 2002, en el especial "Elvis Lives Tribute", realizado por la cadena estadounidense NBC.



¿Estás sola esta noche,
me echas de menos esta noche?
¿Lamentas nuestra separación?

¿Acaso tu memoria regresa
al día soleado y brillante
en que te besé y te dije dulces palabras?

¿Las sillas de tu sala
parecen vacías y desnudas?

¿Miras fijamente el umbral de tu casa
y me figuras ahí?

¿Tu corazón está lleno de dolor,
debería yo volver otra vez?

Dime amor mío, ¿estás sola esta noche?

Are you lonesome tonight, / do you miss me tonight? / Are you sorry we drifted apart? // Does your memory stray / to a bright sunny day / when I kissed you and called you sweetheart? // Do the chairs in your parlor / seem empty and bare? // Do you gaze at your doorstep / and picture me there? // Is your heart filled with pain, / shall I come back again? / Tell me dear, are you lonesome tonight?

Posdata: "Lonesome" es un adjetivo cuya neutralidad genérica se pierde en la traducción al español, puesto que no contamos en nuestra lengua con una palabra que se refiera a la soledad sin flexión de género (solo/sola, solitario/solitaria, etc.). Esta neutralidad permite que el destinatario de la canción, en inglés, pueda ser indistintamente un hombre o una mujer sin necesidad de modificar una coma de la letra original.

GCBWFYF6E6VH

jueves, 26 de agosto de 2010

GIMÉNEZ / CUENYA, Argentina Superpotencia

En el año 2208 la Peste Trasca arrasa el planeta y los únicos sobrevivientes son - increíblemente - los argentinos. El mundo había cambiado. La Era Intergaláctica estaba ahora dominada por los argentinos, con todo lo que ello conlleva: naves espaciales criollas atadas con alambre, capitán de camiseta y gorro de lana, cimarrones que van y vienen, el ocio es ley, a flor de labio el léxico callejero... ciencia-ficción cartonera salpimentada con guiños intertextuales (William Blake, Xul Solar, La naranja mecánica según Stanley Kubrick, etc.).

Protagonizan esta historia, entre otros, dos heroicos antihéroes: el Capitán Anónimo y el Sargento Jerónimo Peralta, un perro AGA - Animal Genéticamente Alterado -, con el don del habla y coeficiente intelectual mayor o igual al humano (obviamente tiene derecho al voto en la Nueva Argentina Libre, Justa y Soberana), ambos, tripulantes de la nave Diego Armando Maradona de transporte comercial. Los villanos: El Consejo Newton, encabezado por el Comandante Superior Gerente Fausto Fernández, secundados por un ejército de Seriales, cipayos de lo correcto. Es el enfrentamiento entre el ser como debe ser (el dominio del Consejo Newton) y el ser como es (la resistencia encarnada por el Capitán Anónimo y su ayudante); lo cual expresa una reformulación de un viejo antagonismo - o vieja zoncera -: civilización vs. barbarie.

El libro, con guión de Héctor R. Cuenya y dibujos de Juancho Giménez, consta de tres partes: "Capítulo I: La Rebelión del Consejo Newton, Parte 1: Los argentinos son eternos", "Capítulo I: La Rebelión del Consejo Newton, Parte 2: La ley del menor esfuerzo" y "Capítulo I: La Rebelión del Consejo Newton, Parte 3: El grito sagrado". Fue publicado por milena caserola y presentado el 30 de julio en la Biblioteca Nacional de la República Argentina. En dicha presentación el guionista comentó: "El territorio de estas páginas es un lugar de comunidad, de objetos que rodean nuestra vida cotidiana, del ingenio de la pobreza (aprender a ser pobre, encontrar el rebusque, encontrarle la vuelta) y, obvio, el pop está omnipresente, cual banda sonora: la cultura de masas, los ídolos, el santoral de los grasas, Andy Warhol, la película de La guerra de las galaxias."

Tenemos el privilegio de compartir en exclusiva ARGENTINA SUPERPOTENCIA - Capítulo I: La Rebelión del Consejo Newton.

Capitán Anónimo says: "Tenemos las armas más letales: astucia, imaginación y audacia".

Giménez & Cuenya - ARGENTINA SUPERPOTENCIA
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PARA AMPLIAR

CUENYA, Héctor R.: "Algunas ideas y/o imágenes sobre Argentina Superpotencia". En lordcheselin.blogspot.com.

DIARIO La Opinión Austral (jueves 1 de julio 2010): "El Rincón muestra historieta 'Argentina Superpotencia'". En laopinionaustral.com.ar.

DIARIO La Opinión Austral (sábado 10 de julio 2010): "De dibujos y antihéroes". En laopinionaustral.com.ar.

lunes, 23 de agosto de 2010

FOGWILL, Una dedicatoria


Santa Fe de la Vera Cruz, viernes 14 de agosto de 2009, Sala Saer del Foro Cultural Universitario. En el 5º Argentino de Literatura, Ana María Camblong nos hace reír y reflexionar sobre la escritura de Fogwill. Fogwill la escucha atentamente y cuando ella termina su lectura, él abandona su butaca y escala los peldaños del auditorio dando zancadas, trastabilla, cae de rodillas y como impulsado por resortes vuelve a ponerse de pie puteando por lo bajo. "No pasa nada, sigan no más", nos ordena, y desaparece por la puerta de salida. Finalizada la mesa de expositores, me acerco a saludar a Ana, y Fogwill reaparece detrás de mí interponiéndose sin pedir permiso. "Esto es para vos", le dice y le alarga un papelito escrito, como esas cartitas que se envían de banco a banco dos chicos de secundaria. Ana le agradece y le preguntamos: "¿Se lastimó cuando cayó?". "¡Sí! Mirá, me sale sangre", nos responde y levanta la botamanga de su corderoy para ostentar una rodilla lastimada. No estaba en mis planes hacerlo en esas circunstancias, pero le solicito que me firme un ejemplar de Partes del Todo. Él toma el libro en sus manos y mirando la tapa me espeta: "¿Qué hacés con esta mierda?" Yo esgrimo en mi defensa: "Este libro a mí me gustó mucho, además lo tengo muy asociado a una época de mi vida". "Bueno - me corta, sin dar importancia a lo que digo - ¿qué querés que ponga?" Eso ya era demasiado para mí. Siguiéndole la corriente sarcástica le digo señalándole la pierna: "Yo quiero que me lo firme con sangre". Recién entonces pareció tomarme en serio. Levantó de nuevo la botamanga, selló la dedicatoria con su rodilla herida, la firmó y agregó: "Chupá". Nos reímos y salimos juntos hacia el hall. Fue la primera y última vez que traté a Fogwill en persona. Desde entonces, tengo el curioso privilegio de atesorar en mi biblioteca una muestra de esa sangre, que - glóbulos más, glóbulos menos - sirvió de combustible para encender su mente e impulsar el trazo de su escritura.

El fin de semana pasado el autor de Los Pichiciegos terminó de ser aspirado desde un vacío del tiempo. Nos dejó su palabra-imagen-eco-silencio, no como legado solemne, sino como parte de sí, con todo lo bueno y todo malo de un ser humano que elijió ser un caminante de las letras.


VERSIÓN (DE SENTIMIENTO DE SÍ)

Voz que creada de sí, gritando a nada
vuelves a aparecer intercalada
aquí en mi voz grabando tu cadencia:
eco que canta donde me silencia.

Eco que me silencia y me revela
eco que es yo, que fui y que me desvela
habitándome aún con oraciones
que forman mi razón: sus omisiones.

Misión de oír y de escuchar latidos
de tantos muertos que en la voz habitan
(Se repite en mí cuando los mido
midiendo estas palabras que los citan)
.
Yo estoy entero aquí, pero partiendo
frases que dividen y no entiendo.

martes, 6 de julio de 2010

Poesía Gauchesca Astronómica


Entre Marte y Júpiter hay un Cinturón de Asteroides.

El asteroide #19079 “Hernández”, posee un período orbital* de 5,12 años y el asteroide #19080 “Martínfierro”, uno de 3,53 años.

Ambos fueron descubiertos por el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO), de la provincia de San Juan - el primero el 31 de mayo de 1967 y el segundo el 10 de mayo de 1970.

Según la NASA, los nombres fueron sugeridos por un tal W. A. Fröger.


(*) Se denomina período orbital al tiempo que tarda un astro en completar su órbita.

jueves, 17 de junio de 2010

LILIANA LUKIN, Teatro de Operaciones

(Buenos Aires, 1951)

Teatro de Operaciones. Anatomía y Literatura. Buenos Aires: Ediciones en Danza, 2007.


Para John Berger, la elección de una palabra es como encontrar el lugar preciso del cuerpo que se quiere tocar con la lengua materna; aunque, “la lengua natal castra”, escribió Pizarnik. Esta dialéctica entre lengua vivificante y lengua castradora es inherente a la tarea poética, dulce amargura del lenguaje, sala de disecciones y asociaciones.

Este Teatro de operaciones abarca dos regiones textuales sumamente diferentes: “Campo quirúrgico” e “Ingeniería natural”. La primera, concierta un bosque de símbolos (genealogía, ecología, biología, mueblería, cultura, ideología, filosofía, existencia...), y al mismo tiempo, aunque parezca contradictorio, esta multiplicidad intenta fundar un punto y un orden. El árbol aparece tronchado y, caído, de sí mismo hace leña; es un cuerpo mutilado con sus anillos a la intemperie del tiempo; de su verde dolor aprende y da frutos maduros; al tumbado, la poesía verticaliza. Semeja una metáfora existencialista: somos retoños trasplantados del invernadero materno, bebés a los que le han cortado la raíz primigenia: el cordón umbilical (el ser es invención y destrucción continua de la raíz perdida).

En esta selva de ecos errantes, hay voces que intervienen cada poema. Filósofos, poetas y hasta la misma escritora de cartas y preguntas se hacen oír. No son voces que al pasar volando hayan quedado prendidas en la enramada; vienen desde las entrañas del campo literario, por las raíces de todo verdecer.

Una lectura política puede cosechar otro bulbo: el árbol-sistema fue talado, se ha desmoronado. Esta desconexión entre raíz y tronco plantea el desafío de generar formas alternativas de existencia en los márgenes, a la vera de lo que hacía sombra.

“Ingeniería natural” produce un desacomodo. Diario, íntimo, visceral, registro pormenorizado de un padecer, por las elecciones de la lengua contrasta con la primera parte. La enunciadora cambia de posición, adopta otra postura, más incómoda, tortuosa, en un lenguaje que produce un efecto de espontaneidad cercano a la instantánea fotográfica o a la ecografía. Casi nada es llevado “más allá” por la metáfora; la mirada amplía la dolencia invisible hasta obtener gigantografías del dolor (como si se tratara de una intervención quirúrgica, se corta por lo sano y la elipsis da lugar a la hipérbole). El organismo se torna un campo minado. El cotexto gráfico es más que elocuente: aquí, se trata de la escritura de alguien que escribe como quien abre su vientre para dejarse examinar; una lección de anatomía donde “el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo”, como sugiere Deleuze.

Teatro de operaciones de Liliana Lukin pone en escena un cuerpo –árbol o persona– tocado con la lengua vivificante y castradora de la poesía.



    1

La sierra eléctrica trabaja
sobre los troncos peligrosos.
Mi estancia entre los pinos
se ha vuelto literaria:
en la trepidación del sonido
contra el cual despegar
mi escena de escritura,
escribo con temor y temblor.
Haber leído el testamento
de Rilke, esas cartas urgentes,
cuando no había en mí urgencia
ni pinos, no mejora este momento.
Pero la memoria de una sierra
mortificando al poeta cada día,
hace de estos árboles cayendo
sobre mi cabeza otro peligro:
soñar sólo con maderos,
no soñar más que ruidos
en un sueño sin gente.
El aire blanco de la quemazón
es un himno entonado suavemente
que se levanta de los muñones
incrustados bajo tierra,
aún cuando todo ya ha cesado
como en el paisaje después
de una batalla.
Mi estancia aquí en la niebla,
entre el deseo y la voluntad,
es una prueba de resistencia,
un trato con la vigilia
en el que llevo las de perder.


    5

Del susurro de los textos procedo
al alarido, el protocolo debajo
del concepto: no habrán tenido
de mí ninguna cosa salvo
el resplandor.

Como un perro en una
camilla de laboratorio perderé
todo menos la cicatriz:
lo que no hay no merece
instrumento.

Animal del templo de la voz, caligrafía
oral, reino de lo inútil: en el centro
difuso y pleno de las simultaneidades,
una enorme boca tragará
nuestra incomodidad.

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NOTA

Las frases en itálica en el poema 1 corresponden, por orden, al título del libro de Sören Kierkegaard, al título del libro de Rainer M. Rilke y al film de Andrezj Wajda.
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BONUS TRACK

Liliana Lukin lee cinco poemas del libro TEATRO DE OPERACIONES. Anatomía y Literatura: Poemas 9 y 12 de "Campo Quirúrgico" y poemas 1, 4 y 19 de "Ingeniería Natural".




sábado, 12 de junio de 2010

DIEGO E. SUÁREZ, Helena


Helena, según MARINA SOLÍS (Posadas, 1984)



HELENA*

«cada vez que barajo recuerdos me encuentro con esa mujer /
en las orejas le crecían flores para no oír los ruidos del dolor»

JUAN GELMAN, Verdades



cada vez que barajo recuerdos me encuentro con esa mujer/
en las orejas le crecían flores para no oír los ruidos del dolor/
y lloraba tristezas acumuladas que se evaporaban al rozar sus mejillas/
y ascendían a nublarle la mirada/ y el pensamiento/

pero cuando se olvidaba del dolor/ recuerdo/ que para despejarse/
se arrancaba graciosamente las flores de sus orejas/
armaba con ellas una coronita y subía corriendo las escaleras/
hasta llegar a la terraza de su amor/ a ponerle la coronita a la primera estrella/ o sea
que cada vez que ella subía corriendo las escaleras y aparecía en la terraza de su amor/
el cielo resplandecía por el mare magnum de galaxias que se entrechocaban/
estirando el cogote para quedarse con la coronita de helena/ porque claro/
acabo de dar vuelta la baraja de su nombre/ y ahora recuerdo/

helena/ desconocía las consecuencias bélicas de su belleza/ helena en ocasiones
sonreía con una sonrisa demasiado antigua para su rostro eterno/
como si rememorase con orgullo algo que le pasó alguna vez/
a lo largo de su nombre/

todos nos moríamos por helena/ cerca de helena/
debajo arriba y a los costados de helena/
y ella nos miraba como si no comprendiera el por qué de tanto alboroto/
y una mujer vestida de pájaro se le posaba en su ala de pájara/ y gorjeaba/
gorjeaba la pájara y gorjeaba la mujer/
y era una gloria la manera en que la pájara se parecía a la mujer/
y la mujer vestida de pájaro se parecía a helena/
que para no distraernos mientras nos esforzábamos por morir sin pensar en ella/
encerraba a la pájara y a la mujer en una jaula que tenía/ si mal no recuerdo/
a la entrada/ de su pupila izquierda/

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* Este poema recibió la "Segunda Mención" en el Certamen Nacional de Poesía "Hugo Mandón", Edición 2009, realizado por la Asociación Argentina de Escritores Filial Santa Fe.

jueves, 10 de junio de 2010

Divertidas aventuras del cráneo de Juan Moreira


Juan Moreira, personaje real que inspirara la novela de Eduardo Gutiérrez.


Conforme narran los informes policiales, el folletín de Eduardo Gutiérrez y el drama criollo de los Podestá, el sargento Chirino ultimó por la espalda al legendario Juan Moreira el 30 de abril de 1874 en los fondos del prostíbulo “La Estrella” sito en el partido de Lobos. El médico del lugar, el Dr. Eulogio del Mármol, fue el encargado de practicarle la autopsia. Los restos fueron inhumados en la necrópolis de Lobos, pero en 1887 debieron ser desenterrados por la falta de pago de los impuestos municipales correspondientes. El encargado de la exhumación fue el mismo Dr. del Mármol, quien conservó el cráneo con el fin de estudiar los rasgos lombrosianos (por la época estaba en auge la teoría de Cesare Lombroso, según la cual existía un patrón fisonómico del “delincuente nato”). Habiendo saciado su espíritu positivista, del Mármol regaló el cráneo del terror de las partidas a su amigo y colega el Dr. Tomás Liberato Perón. Al fallecer éste dejó la calavera en manos de su viuda, doña Dominga Dutey Cirus, quien a posteriori se lo cedería en herencia a su hijo Mario Tomás, que residía desde 1888 en el partido de Lobos. Don Mario Tomás atesorólo en su casa, pero al ver que su pequeño Juan Domingo lo usaba para asustar a las mujeres de la casa, cayéndosele un día y quebrándole de esta guisa algunos dientes, en 1928 lo dona al Museo de Luján, de donde sería trasladado en 1953 al Museo “Presidente Juan D. Perón”, de Lobos, su ciudad natal. Tras varios intentos, Juan Moreira resucitaría encarnado por Rodolfo Bebán en la película Juan Moreira dirigida por Leonardo Favio, quien en 1973 acompañaría al general Juan Domingo Perón en el charter que lo trajera de regreso a la Argentina. ♣


Cráneo de Juan Moreira en poder de doña Dominga Dutey Cirus (c. 1900).


Cráneo expuesto en la Sala "Centenario" del Museo "Presidente Juan D. Perón".

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FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


CRESPO, Jorge y RASQUETTI, Marcelo: Perón. La bisagra de la historia. Su nacimiento en Lobos. Lobos, Edición de los autores: 2001.

OLAZA PALLERO, Sandro: "Juan Moreira: ¿Héroe o criminal?". En www.solazapallero.blogspot.com.

PAVÓN PEREYRA, Enrique: Perón. 1895 - 1942. Buenos Aires, Espiño: 1953.

S/D: "Juan Moreira" y "La política" en www.lavidadefavio.com.ar.


viernes, 28 de mayo de 2010

El Dado existe y Luke es su profeta


El hombre de los dados, de Luke Rhinehart.
Buenos Aires: Destino, 2003.
Trad. Manuel Manzano.




INGRESO

«Una tirada de dados jamás abolirá el azar.»

STÉPHANE MALLARMÉ


En una carta fechada el 4 de diciembre de 1926, dirigiéndose a su colega Max Born, Albert Einstein escribió: “La mecánica cuántica es algo muy serio. Pero una voz interior me dice que de todos modos no es ése el camino. La teoría dice mucho, pero en realidad no nos acerca gran cosa al antiguo secreto. En todo caso estoy convencido de que Él no juega a los dados”. (Cuenta la leyenda que el físico danés Nielsh Bohr retrucaría: “¿Quién eres, Einstein, para decirle a Dios lo que tiene que hacer?”). El autor de la Teoría de la Relatividad nunca aceptaría que el universo estuviese gobernado por el azar, tal y como postulaba la Teoría Cuántica, ni que el mundo se haya originado por un fortuito big bang. Años más tarde, a favor de la mecánica cuántica, el renombrado cosmólogo Stephen Hawking escribió en un artículo divulgado por la revista Nature (año 1975): “Dios no sólo juega a los dados; a veces los tira donde no se pueden ver”.

¿A qué nos conduce este contrapunto aleatorio? A una novela, donde quien juega a los dados es un Hombre Nuevo. Se trata de El Hombre de los Dados, de Luke Rhinehart, publicada por primera vez en los Estados Unidos en el año 1971.


INTERIOR

Antesala

En principio, un golpe de efecto interesante es la coincidencia, a la manera de las novelas picarescas renacentistas, del nombre del autor con el del personaje protagonista, el ropaje autobiográfico del relato, si bien el lector inquieto habrá de descubrir tarde o temprano que tal coincidencia es ficticia, pues el nombre real del autor de la novela es George Cockcroft (quien comparte con su alter ego la misma profesión: ambos son psiquiatras, lo cual, de alguna manera, disminuye sutilmente el espesor de la distancia entre realidad y ficción).

El “Prefacio” es una advertencia que prescinde de toda modestia retórica: “Un caos brillante: eso es lo que será mi autobiografía. Observaré un orden cronológico, lo que hoy en día no deja de ser una osada novedad. Pero mi estilo será aleatorio, según la sabiduría de los Dados. Me enfadaré y me alegraré, me felicitaré y me despreciaré. Cambiaré de primera persona a tercera. Usaré el método del narrador omnisciente, una manera de narrar generalmente reservada para el Otro. (...) Cuento la historia de mi vida (...) para demostrar al mundo que soy alguien extraordinario”.

En las primeras escenas hallamos a un psiquiatra que busca en la filosofía zen un aliciente para la monotonía de su vida familiar y para su frustrada actividad profesional salpimentada con la competencia que mantiene secretamente con su colega Jacob Ecstein. Este estado de cosas no varía hasta que en el capítulo ocho sobreviene el golpe de timón que cambiará para siempre el rumbo de la vida del personaje, en una jornada que pasaría a la historia como “el día D”.

Sala de juegos

Luego de una cena de camaradería en su casa, Rhinehart, como si nada fuera, deja que el dado decida si violará o no a Arlene, la atractiva mujer de Ecstein. Alea jacta est: “Vi, mirándome fijamente, un ojo ciclópeo: un uno”; lo cual significaba: violación. Una vez consumado el hecho –con un poco de colaboración por parte de la alegre víctima–, Rhinehart se embarca de lleno en la experimentación con el Dado, primero dejando diariamente que éste decida lo que habrá de hacer (si irá o no al teatro con su mujer, si jugará o no con sus hijos, etc.) y luego, dejando que decida qué actitud tomará ante sus pacientes, y hasta quién será por un día o unas horas (“No mi voluntad, Dado, mas hágase la Tuya”). Entusiasmado, Rhinehart se propone divulgar su descubrimiento, primero entre sus pacientes, luego dentro de su entorno íntimo, y finalmente al mundo entero.

En el capítulo cuarenta, nos brinda una síntesis de su teoría: “El Hombre de los Dados (...) es un experimento sobre el cambio de personalidad, sobre la destrucción de la personalidad (...). Para destruir una única personalidad dominante, hay que ser capaz de desarrollar muchas personalidades; hay que convertirse en alguien múltiple (...). El Hombre de los Dados (...) es una criatura cuyas acciones decide, diariamente, el lanzamiento de los dados, que escogen entre varias opciones creadas por el hombre”. Cuatro capítulos más adelante, hay una interesante aclaración sobre la relación entre los dados y la esquizofrenia: “La personalidad del esquizofrénico se escinde y se multiplica contra su voluntad; él ansía la unidad. Yo he creado conscientemente la esquizofrenia”. Así de claro, contundente y razonable es el fundamento de la revolución propuesta por Rhinehart. “Los hombres llevan demasiado tiempo admirando a Prometeo y a Marte –afirma en el capítulo diecisiete– nuestro dios debe ser Proteo”.

El Libro del Dado

El Libro del Dado es el evangelio de esta nueva fe, para la que “el Dado es Dios”. De este “libro sagrado” se citan, en el decurso de la novela, salmos, relatos y sentencias que parodian el discurso bíblico (“El Dado es mi pastor, nada me falta...” –capítulo cuarenta y siete–), así como también el discurso literario (“Una vez, el doctor Rhinehart soñó que era un moscardón (...) de repente, sintió que se había despertado (...) pero no sabía si era el doctor Rhinehart quien había soñado que estaba interpretando el papel de un moscardón o un moscardón quien había soñado que era el doctor Rhinehart” –capítulo treinta y nueve–; hipertexto del célebre sueño de Chuang-Tzu). Por si esto fuera poco, sumándose a esta polifonía aparecen intercalados artículos periodísticos, y cartas tanto de iniciados como de enconados detractores de “la religión del Dado”.

La cuestión es que Rhinehart va perdiendo todo a cambio de su tan anhelado Hombre Aleatorio y de su plan evangelizador, que alcanza su clímax con la fundación del CEETA: Centro para la Experimentación en Entornos Totalmente Aleatorios. En el ínterin, dejó embarazada a Arlene, que dio a luz a la primera “hija del Azar”; fue enjuiciado por la APNY (Asociación Psiquiátrica de Nueva York); abandonó a su esposa y a sus hijos; fue cómplice de la fuga de treinta y cuatro internos de un hospital psiquiátrico; fue humillado públicamente en un programa televisivo; fue vagabundo, mujer, violador, cura e incluso asesino.

The End

En el desenlace, Rhinehart termina acorralado por el FBI: o delata la ubicación de Eric Cannon –el ex paciente que ideó la fuga de los internos del psiquiátrico–, o pasará doscientos treinta y siete años en prisión por todos los delitos que cometió a lo largo de su carrera. El Hombre de los Dados se ve forzado, entonces, a optar entre huir o decir la verdad, sin previa consulta a su Dios de seis caras. En este punto, quien buscara la libertad absoluta desintegrando su personalidad, teme ser privado de la misma encerrado en una cárcel. (A fin de cuentas, Eric termina teniendo algo de razón, cuando en el capítulo treinta y cuatro le espeta al doctor Rhinehart: “Idiota. Este mundo es un manicomio con asesinos sueltos, torturadores, sádicos depravados al frente de las iglesias, de las empresas, de los países. Podría ser diferente, podría ser mejor, y usted se queda ahí sentado sobre su montaña de grasa y lanza un dado”).

El “Epílogo” merece ser transcripto íntegramente:


“Un día, cuando a Luke lo perseguían dos agentes del FBI con armas calibre 45, llegó a un despeñadero y saltó, se agarró a una vid salvaje que estaba a unos veinte metros por debajo y se quedó ahí colgado. Al mirar hacia abajo vio, a otros veinte metros, a seis policías con ametralladoras, gases, botes de humo y dos tanquetas. Por encima de él había dos ratones, uno blanco y uno negro, que habían empezado a roer la vid de la que colgaba. De repente, ante sí, vio un racimo de fresas maduras y suculentas.
–¡Ah! –se dijo–. Una nueva opción.

De El Libro del Dado”


El personaje termina aferrándose a lo más endeble: una vid salvaje, símbolo (tal vez) de su yo residual. La aparición de ese par claroscuro de ratones, como de ese racimo de fresas maduras, le conceden al relato un estilo rayano en la parábola, reforzado por su inclusión en El Libro del Dado. Todo parecería indicar que se trata de un final abierto, pero no hay tal. La novela que terminamos de leer está firmada por Rhinehart; ergo, Rhinehart tuvo que salir sano y salvo de este trance policíaco.


SALIDA

El libro fue todo un éxito, y como tantas otras obras controvertidas, es considerada hoy una “novela de culto”. Su escandaloso desborde de ingenio, humor y extravagancia tuvo como secuelas The Adventures of Whim (1986, reeditada como Whim en el año 2002); The Search for the Dice Man (1993), que tiene de protagonista a Larry Rhinehart (hijo de Luke) 20 años después de los sucesos de El hombre de los dados; The Book of the Die, del año 2000, es la materialización del mítico Libro del Dado, biblia de la religión de seis caras; y Naked Before the World. A Lovely Pornographic Love Story, del año 2008, mencionada al pasar en el capítulo uno de El Hombre de los Dados y anunciada como “una novela pornográfica adorable y de primera clase”.


LUKE RHINEHART / GEORGE COCKCROFT
(USA, 1932)

Sitio web oficial: www.lukerhinehart.net

[Foto tomada de aquí]


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OBRAS CITADAS

EINSTEIN, Albert-BORN, Max y Hedwig: Correspondencia (1916-1955). México: Siglo XXI, 1973.

MACKAY, Alan L.: Diccionario de citas científicas. La cosecha de una mirada serena. Madrid: Ediciones de La Torre/Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1992.

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